Para florecer necesitan mucho sol, de lo contrario las flores no se abren, por lo que pueden permacer en el exterior todo el año. Algunos áster tienen una floración temprana pero normalmente floracen a finales de verano o principios de otoño.
Les gusta que la tierra permancezca húmeda todo el año, por lo que necesitan riegos abundantes si no llueve. No tolera los encharcamientos así que hay que vigilar que el terreno esté bien drenado. No le gustan los terrenos pobres y sin materia orgánica.
Se deben abonar al plantarlos y cuando florezcan. Para su mantenimiento es conveniente ir retirando las flores marchitas y podarlos hasta la base a mediados de otoño.
Al plantarlos, es necesario hacerlo a una distancia de unos treinta a sesenta centímetros, según la variedad. Y es mejor hacerlo directamente en tierra en el exterior ya que, excepto algunas especies, no se adaptan demasiado bien al cultivo en maceta. Si los inviernos son muy fríos habrá que protegerlos de las heladas y del viento.
Se multiplican por semillas y por división de la planta.
Las plagas o enfermedades más comunes en el áster son el oidio, la traqueomicosis, los gusanos y las babosas.
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